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Caso de éxito: Carta de Cata

Escrita por Cata Cobo

A mi abuelo,

Son las tres menos cuarto de la madrugada y te tengo enfrente, estoy a los pies de tu cama. Estás dormido, con el pelo blanco perfectamente peinado, la tez morena, tirante y un gesto en el rostro que deja entrever que estás en paz. El sonido del reloj suena alto hoy porque estamos echándole un pulso al tiempo. Para acallarlo, cuando me he quedado a solas conmigo, he repetido en voz casi ininteligible algunas de tus frases.

Hola, carita de amapola.

Nieti, ¿cómo voy a estar? Pues en plenas facultades físicas y mentales.

Yes verywell fandango.

Un, dos, patata y arroz (mientras caminas, siempre rápido y elegante)

Lo primero y principal, oír misa y almorzar. Y, si corre mucha prisa, almorzar y no ir a misa.

Fuerza, fuerza, fuerza.

Todo el mundo es bueno hasta que demuestre lo contrario.

Yo más, que soy mayor.

No dejo de mirarte, abuelo, y me duele el pecho de amor. Cuántas veces he pensado que, por callado y observador, eras de otro planeta. Ahora sé que de otro planeta son las ganas que le pones a la vida, la curiosidad que desprende tu mirada, la inteligencia con la que eliges las palabras y lo que has aprendido así: observando.

Ahora te observo yo a ti. Cómo te explico que me tienes a los pies de tu cama y a los pies de tu alma. Que admiro tu forma de vivir, así, con las manos extendidas. Que tienes el corazón de un héroe porque todo lo que tienes lo compartes, sobre todo lo más valioso: tu tiempo. Tú, abuelo, naciste sin pereza ni vanidad, con una fuerza incombustible en las entrañas, un jardín perenne en la sesera.

Cómo le cuento al mundo que puedes darle vida a lo inerte con tu media sonrisa, que eres el tronco, la rama y la flor del árbol más grande, más sabio. Te plantaría en un campo infinito, el más bonito, y te regaría cada día. Quizá solo para tenerte cerca y hacerte feliz, porque crecer, no sé si puedes crecer más. Como dice la canción, eres tanto que no cabes.

Hace dos días te pregunté “Abu, si pudieras darme un consejo para la vida, ¿cuál sería?” y me dijiste “Disfruta, disfruta, disfruta. Sé feliz, sé feliz, sé feliz”.

Y hoy, ahora, pienso en lo que me dijiste y creo que cuando alguien como tú se va, su energía se queda para que los demás hagamos cosas en la vida y en su nombre. Una parte de nosotros muere contigo, otra vivirá siempre por ti.

Solo queda vivir. ¡A por la vida, por ti, abuelo!

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