VER LA BONDAD SECRETA DE TODAS LAS PERSONAS: UN EJEMPLO INSPIRADOR

Hace algunos años, me hablaron de una profesora de historia de una escuela de enseñanza secundaria que conocía este mismo secreto (la bondad secreta). Una tarde en la que los alumnos estaban especialmente inquietos y distraídos, les dijo que interrumpiesen cualquier trabajo académico. Dejó que los alumnos descansasen mientras ella escribía en la pizarra los nombres de cada uno de ellos. Después les pidió que copiasen la lista y, a continuación, que escribiesen junto a cada nombre alguna cosa que les gustase o admirasen de ese compañero. Al final de la clase recogió los papeles.

Semanas más tarde, en otro día especialmente difícil justo antes de las vacaciones de invierno, la profesora volvió a interrumpir la clase. Entregó a cada alumno una hoja con su nombre escrito en la parte de arriba. En cada una, había pegado las veintiséis cosas buenas que los otros estudiantes habían dicho de esa persona. Con sus rostros sonrientes, leyeron boquiabiertos y emocionados la cantidad de cualidades bellas que los demás habían apreciado en ellos.

Tres años más tarde la profesora recibió una llamada de la madre de uno de sus antiguos estudiantes. Robert era el típico gracioso, pero también uno de sus preferidos. La madre le comunicó la triste noticia de que habían matado a su hijo en la Guerra del Golfo. La profesora asistió al funeral, en el que hablaron muchos antiguos amigos de Robert y compañeros de la escuela. Justo al final de la ceremonia, la madre de Robert se acercó a ella. Sacó un trozo de papel gastado que obviamente había sido plegado y replegado muchas veces y dijo: <<Ésta es una de las pocas cosas que encontraron en el bolsillo de Robert cuando los militares recuperaron su cuerpo>>. Era el papel en el que la profesora había pegado cuidadosamente las veintiséis cualidades que sus compañeros admiraban de él.

Al ver esto, los ojos de la profesora se llenaron de lágrimas. Mientras se secaba las mejillas, otra antigua alumna que estaba cerca de ella abrió su bolso, sacó una hoja cuidadosamente doblada y confesó que siempre la llevaba con ella. Un tercer ex alumno dijo que su hoja había estado entre los textos que se leyeron en su boda. La percepción de bondad que esta profesora propuso había transformado los corazones de sus estudiantes de maneras que sólo podía imaginar en sueños.

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Todos podemos recordar algún momento en el que alguien vio esta bondad en nosotros y nos bendijo. En un retiro, una mujer de mediana edad recordaba que una persona, una monja, había sido amale con ella en la época en que, siendo una adolescente asustada y solitaria, se quedó embarazada sin estar casada. Había llevado su nombre todos estos años. Un joven con el que trabajé en un centro de menores se acordaba de un viejo jardinero que vivía junto a su casa, que lo quería y lo valoraba. El respeto del jardinero había permanecido con él a pesar de todas sus dificultades. Esta posibilidad fue expresada por el premio Nobel Nelson Mandela: <<Nunca hace daño tener una opinión demasiado elevada de alguien; a menudo las personas se sienten ennoblecidas y actúan mejor como consecuencia>>.

Ver con una percepción sagrada no significa ignorar la necesidad de desarrollo y cambio en un individuo. La percepción sagrada es en parte una paradoja. El maestro zen Shunryu Suzuki comentó a un discípulo: <<¡Eres perfecto tal como eres. Y… todavía queda espacio para mejorar!>>. La psicología budista ofrece meditaciones, estrategias cognitivas, enseñanzas sobre ética y un conjunto de poderosas prácticas que favorecen la transformación interior. Pero empieza con una visión sumamente radical, una visión capaz de transformar a cualquiera que sea contemplado por ella: el reconocimiento de la nobleza innata y de la libertad de amar que está al alcance de cualquiera de nosotros. “La Sabiduría del Corazón” (Jack Kornfield, 2010)

 

-admin 12 diciembre, 2013